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domingo, 14 de septiembre de 2014

Cartas de apoyo a La Enredadera, de parte de una vecina 2: S

Cuando me olvido de sacar la comida del congelador para tener algo que comer al volver del curro, tengo que volver a preparar algo, o malcomer cualquier cosa que me encuentre.
Cuando no recuerdo si cerré la puerta de casa, a veces, deshago bastante camino ante la duda de haberla dejado abierta. Y del mismo modo, me pasa cuando no recuerdo si apagué el gas, y tengo que regresar para apagarlo desde donde esté, o pasar el día con esa pequeña angustia en el estómago.
En estas semanas, por otro motivos que el que me lleva a escribir esto, he estado dándole vueltas al tema de la memoria. Y sospecho, que hay muchas cosas que te pasan a nivel individual con esto de los olvidos y con no aprender de los errores, que tienen un eco, en lo que pasa a nivel colectivo, con las historias chiquitas que siempre, son las que construyen la mayúscula Historia, con esa H tan pretenciosa.



El pequeño engorro de regresar para comprobar un olvido es una cosa. Darte cuenta de que te encuentras con el mismo problema una y otra vez cada x tiempo y escucharte “¿cómo es posible que me vuelva a pasar esto?”, es un pequeño paso antes de resolver algo, no sabes cómo, y de repente, al resolverlo, al aprender ese algo que te faltaba, esa cuestión no vuelve a aparecer más en tu vida.

Esta mañana leí un artículo en Europapress que me pareció indecente, indignante, y si no fuera por las consecuencias de lo que escriben, me daría vergüenza ajena la persona que haya redactado y permitido la publicación de esa nota1 (porque de Cifuentes, ya sabemos lo que podemos esperar). Así, esta tipa puede decir y Europapress darle voz a la frase “ideología nazi y la contraria”, por un lado sin despeinarse, como si “nazi” fuera un apelativo más, una palabra sin Historia, sin consecuencias, sin violencia, dolor, y muerte a su paso por los calendarios. En esta nota, se refieren al centro social La Enredadera, okupado desde hace cinco años y medio en el barrio de Tetuán, como ese lugar con idieología “contraria”. Y en eso, ahí sí, no puedo estar más de acuerdo.

Las que okuparon y habitaron los albores de ese lugar, hace ya cinco años y medio, nunca pensaron que sucedería el 15M, ni que esa asamblea iba a estar formada por la gente tan militante y majérrima que hoy la forma. Tampoco, ni en sus peores pesadillas habrían imaginado la reforma laboral y sus consecuencias, o la dramática privatización de la Sanidad. Sin embargo, sí sabían lo que eran los grupos neonazis, les daban miedo, les preocupaba que esta ideología pudiera seguir calando -como lo hizo el nacional socialismo en Alemania, o como lo hacen grupos como Amanecer Dorado en Grecia- en la gente sencilla, que día a día lo tiene difícil. Porque siempre es más fácil mirar al que viene de lejos, al que está a tu altura o un poco peor, que despreciar y señalar a políticos y otros corruptos, Botines (sí, sí, también hoy en el día de las alabanzas), y demás responsables. En parte, para articular su propia manera de luchar contra esa ideología, okuparon ese espacio. Ellas y ellos deseaban y soñaban un lugar abierto, plural, multicultural, un lugar de encuentro para el apoyo mutuo, para la solidaridad entre vecinas y vecinos, donde generar procesos que se encaminaran a vivir de otros modos, con otras relaciones más justas en estos tiempos de capitalismo salvaje.

Yo, que veo ese centro social ya desde fuera, me maravillo cada vez que paso y a través de sus ventanas veo la actividad que surge y se renueva tan desde abajo, tan desde la humildad, y el respeto y disfrute con la pluralidad de un barrio. El trabajo contra los desahucios de la banca y el Estado, el trabajo del Banco de Alimentos, el apoyo a colectivos tan diversos, el tiempo para la música y para disfrutar de la vida, la actitud de “estamos en continuo aprendizaje” de esta asamblea... Eso, para mí, es un antifascismo cotidiano, puro y duro, y deliciosamente suave también. Y no todo vale. Dejen de intentar engañarnos con su discurso maniqueo de los dos bandos, de son extremistas todos, de lo mismo es izquierda que derecha, de lo mismo es feminismo que machismo... de lo mismo es mierda que flores. Porque tirando del hilo de esa porquería tan mediática, podríamos llegar a estupideces tan absurdas como que lo mismo es el racismo que las y los luchadores por los Derechos Civiles en EEUU, que luchaban contra él. Y así, muchas más chorradas como las de Cifuentes. 

Por eso, porque no todo vale, ante la ocupación por parte de un grupo neonazi del Hogar Social Ramiro Ledesma (nombre puesto en honor a uno de los teóricos más influyentes del Fascismo español), muchas personas, colectivos, centros sociales o asociaciones vecinales y también, el Centro Social Okupado La Enredadera (nombre puesto en honor a esa planta que, según dicen, con sólo crecer poquito a poco rompe los muros) se preocupan, se ponen en acción y dicen “NO SOIS BIENVENIDOS EN EL BARRIO”.

Así que hoy... brindo por la memoria, por olvidar las cosas cuando se superaron y no antes, y por asumir, con responsabilidad, que las cosas son infinitamente más complejas y más llenas de matices que los reportajes basura de Telecinco, las chorradas de Cifuentes, o el lamentable artículo de El País de una tal Patricia Ortega2.

Brindo hoy, mientras tecleo sola, cerveza de lata en mano, por un Tetuán alegre, mestizo, combativo y solidario. Atentas a lo que surja, que la cosa se mueve... 

S.


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